Sobre

Era culpa de mi consultora Tupperware

En el año 1999 mi consultora Tupperware mencionó varias veces que una amiga suya tenía una agencia de transcripción y que estaba buscando a una persona que sepa escribir rápido.

Acepté la oferta.

Podía enseñar mucho a mis jefes

Rápidamente, me di cuenta de que la transcripción de la palabra hablada era lo mío. Sobre todo, porque ya estaba muy entusiasmada con escribir al dictado, trabajando todavía para otras empresas. Me encantó discutir con mis jefes sobre la ortografía correcta. Casi siempre “ganó estas batallas”. En estas discusiones olvidé que mis interlocutores eran mis jefes. Pues jefes no siempre tienen razón solo por ser jefes.

Entonces, los textos estaban cada vez más interesantes. Podía escuchar diferentes temas y seguía con gran interés las palabras y las distintas opiniones de cada tema.

Durante un año me dirigía a esta tarea en paralelo de mi actividad principal. Tengo que darle las gracias a mi ex marido, para quien trabajaba en aquel entonces, porque aceptó que yo seguía mi pasión incluso durante mi jornada laboral.

Lo más importante son mis proyectos

De vez en cuando me molestaba, si el teléfono soñaba o si había una pregunta referente a la empresa. Para mí era más importante terminar mis proyectos. Ningún empleador hubiera tolerado esto.

Inevitablemente, tenía el afán de adquirir mis propios clientes y me dedicó cada vez más a cómo vender mis servicios.

Mi visión tomó forma

Tenía una visión y quería ponerla en práctica. Visualizaba una gran oficina con mesas y trabajadores innumerables que tecleaban sin pausa. Esto era lo que quería, nada más y nada menos!

Crecimiento

Hoy cuento con una base de 80 trabajadores que saben teclear rápido. Tengo que confesar que no se trata de una oficina grande, pero tampoco hace falta.

Después de escribir muchos correos, consiguí adquirir mi primer cliente. Eso fue en el año 2001, a partir de este momento el número de clientes fijos iba aumentando.

2011 una clienta, con quién trabajaba regularmente, nos preguntó (ya tenía una trabajadora independiente) si hacíamos traducciones del audio. Eso fue mi siguiente reto. Por casualidad, tenía una trabajadora adecuada que estaba muy contenta asumir esta tarea.

Para mí no es un trabajo sino una vocación

Voy conociendo nuevas cosas y opiniones de personas que nunca voy a conocer, pero cuyas opiniones e impresiones nunca podría escuchar si no tuviera este “trabajo”. Me niego a decir que es un “trabajo”. Estoy muy agradecida por poder hacer lo que me encanta desde hace ya 21 años. Hace falta decir que no sólo se trata de transcipciones. Hoy más bien estoy solucionando problemas.

Sé que hay muchas personas que se dirigen a mí cuando no ven otra posibilidad, y esto me llena de orgullo. Una y otra vez tengo la impresión que los clientes vienen con esta idea de que “Ella lo hace. Ella lo consigue.” A menudo me pregunto “Porque no eligieron a mí primero?” Porque el encargo no hubiera sido tán urgente y el cliente hubiera evitado mucho estrés. 

En el último momento… pero eso me hizo más fuerte

Muchas veces se estableció una cooperación regular si el primer proyecto llegó en el último momento. Así los clientes se dieron cuenta de que era mejor trabajar directamente conmigo y podían dejar a preocuparse. Realizaron su pedido y consiguieron lo que querían.

Estoy muy orgullosa de que durante todos estos años podamos contar con los dedos de la mano las tareas que no podíamos entregar a tiempo, pero siempre dentro de un límite tolerable, de manera que los clientes nunca tuvieron problemas.

Para una colaboración buena lo más importante es que los clientes tengan la mayor seguridad y que sus proyectos estén en buenos manos.